Disfrutar de la gastronomía del país al que viajamos es una parte esencial del viaje en sí, quizás Estados Unidos no es el mejor ejemplo, sin llegar a cansarnos, no comimos excesivamente variado.
En la mayoría de los alojamientos tuvimos el desayuno incluido y fueron en general demasiado básicos y poco variados. Siempre ofrecían pan bimbo para poder tostar y mermelada o gelatina, también leche y cereales, en la mayoría de los sitios había algo de fruta. Desayunos poco destacables.
Sin duda alguna el plato estrella del viaje fueron las hamburguesas. Fue el plato que más veces comimos, pero la verdad, que estaban riquísimas.
Si en la carta había costillas a la barbacoa, pedirlas era un acierto asegurado. Riquísimas.
La “clam chowder” es un plato típico de San Francisco que consiste en una sopa a base de almejas y marisco servida en una hogaza de pan. Lo comimos cerca del Pier 39 y nos gustó mucho.
Clam Chowder, comida típica de San Francisco
Gracias a la influencia mexicana pudimos disfrutar mucho de su gastronomía. Todavía nos acordamos de la quesadilla que nos comimos en San Francisco.
Desde el punto de vista gastronómico, San Francisco nos encantó. La oferta variada de restaurantes era amplísima.
No fue el viaje que más postres comimos, pero probamos la american pie, las tortitas, el “cronut” (berlina con masa de croissant ) y algún que otro riquísimo helado.
A tener en cuenta:
¡Cuidado con los horarios! Quitando las grandes ciudades los horarios de la hostelería eran reducidos, cerrando la mayoría antes de las 21 horas.
Los supermercados pueden cerrar a las 19 horas, aunque sea una localidad turística.
El agua del grifo [tap wather] es gratis, a veces encontrabas la jarra ya en la mesa, otras veces esperaban a que pidieras y en otras ocasiones había una máquina en algún sitio donde podías autoservirte.
Es habitual poder llevarte a casa la comida que ha sobrado. Tenían envases para ello.
El 95 % de las veces comimos en platos de usar y tirar.
Recomendaciones en Los Ángeles
Philippe’s the original
El plato estrella es el ‘French Dipped Sandwich’, es un bocadillo de carne asada con queso a elegir entre varias opciones, remojado en la salsa natural del asado. Nos gustó tanto que repetimos, el bocadillo es muy sabroso, aunque no es demasiado grande. El local es muy grande y tiene aparcamiento para los clientes. Pagamos 19.39 $ por dos bocadillos.
Buscando la hamburguesería de Eggslut descubrimos este mercado, cerca del barrio de Little Tokyo. La hamburguesa no es de las mejores que comimos, pero gracias a este sitio descubrimos el ambiente del Grand Central Market, un sitio muy recomendable con multitud de oferta gastronómica.
De camino a Las Vegas y después de ver Calico, comimos en este sitio unas hamburguesas riquísimas. Tanto por la comida, como por la decoración, como por el ambiente del bar os lo recomendamos totalmente. Pagamos 24 $.
Interior del restaurante Peggy Sue’sHamburguesa de Peggye Sue’s
Shake Shack
Cadena de hamburguesería que descubrimos en el viaje a Nueva York. Aunque las hamburguesas no son muy grandes, están riquísimas. Recomendamos probar sus patatas fritas rizadas, no incluidas con la hamburguesa. Pagamos 23 $.
De camino al Gran Cañón dimos con este sitio de comida mexicana, no es un sitio barato, pero estaba todo riquísimo y la decoración es muy bonita. Nos gastamos 50 $.
Tardaron un poco en servirnos y la comida no fue para recordar, pero cenamos en la calle mientras oímos tocar y cantar música country en directo y por eso os lo recomendamos.
Pedimos carne, unas costillas a la barbacoa, ambos acompañados de una ensalada, cerveza y un American Pie de cereza de postre. Fue uno de los sitios con más encanto de todo el viaje. Nos gastamos 76 $.
Aunque las hamburguesas están riquísimas no corresponde el menú con lo que habíamos leído en Tripadvisor. De todas maneras, recomendable. Nos gastamos 24 $.
De camino a Yosemite y de una manera totalmente casual dimos con el “restaurante” más original de todo el viaje. Pedimos carne y unas costillas a la barbacoa, lo curioso fue que comimos en el típico garaje americano (como el de Homer Simpson) en unos bancos compartidos. Pedímos la comida a una persona a través de una ventana y otra en la calle, con tres barbacoas, hacía la comida. Curioso, riquísimo y recomendable. Nos gastamos 24 $.
Nos lo habían recomendado y lo teníamos al lado del hotel. Restaurante francés en el que pedimos unos mejillones en salsa Thai buenísimos, una crep y carne. Bien, nos gustó.
Pedimos unos nachos y unas quesadillas que eran enormes y estaban riquísimas. Las raciones son tan grandes que cenamos lo que nos sobra. Se paga en efectivo. Muy recomendable. Nos gastamos 27 $.
Bastante cerca de la Taquería el Farolillo encontramos una heladería que combinaba el postre típico de Hungría con helados de unos sabores muy diferentes y nosotros elegimos “Mango Sticky Rice” que es un postre típico de la zona de Chiang Mai de Tailandia. Impresionante, dos de mis postres favoritos juntos. Nos gastamos 8 $
Otro de los lugares más curiosos y que más recordamos de nuestro viaje por la Costa Oeste. Dentro de un pequeño supermercado había un puesto donde hacían bocadillos para llevar. Pedimos dos, uno de ellos de albóndigas que estaba riquísimo. Nos gastamos 26 $.
De camino a Los Ángeles paramos a comer en esta localidad y nos llevamos una grata sorpresa en este sito, pedimos un bocadillo buenísimo y unas costillas. Sitio más que recomendable. Nos gastamos 38 $.