PERÚ: mal de altura o soroche

Uno de los factores a tener en cuenta en un viaje a Perú es la altitud a la que se encuentran la mayoría de los destinos turísticos del país.

Según los expertos, el mal de altura afecta a partir de los 2400 metros sobre el nivel del mar.

Este cambio de altitud puede afectar a la mayoría de viajeros españoles, pues casi todos vivimos en ciudades con poca altitud. Curiosamente Soria (la ciudad que me vio nacer) es una de las ciudades más altas de España y apenas supera los 1000 msnm.

A mayor altitud menor oxígeno, y esa falta de oxígeno en el organismo es lo que provoca el soroche o mal de altura.

Altitud de los sitios que visitamos en Perú

Lo más probable es que en Arequipa y en Machu Picchu no se note nada pues están justo en ese límite que marcan los expertos.

Si llegas directamente en avión a Cusco y piensas visitar la Laguna de Humantay (4200 msnm) o la Montaña de los 7 colores (5036 msnm), necesitarás unos días de aclimatación.

¿Qué síntomas provoca el mal de altura o soroche?

Los síntomas más habituales suelen ser: dolores de cabeza, mareos, náuseas y vómitos, cansancio, falta de apetito, trastornos del sueño, elevación del ritmo cardíaco y dificultad para respirar.

La desaparición de los síntomas se produce de manera gradual y lo habitual es que duren 2-4 días.

Consejos para evitar el mal de altura o soroche

  • Cenar ligero y unas horas antes de irse a dormir, fue el consejo que más veces escuchamos
  • Estar hidratado
  • Evitar esfuerzos físicos antes de estar totalmente aclimatados
  • Beber infusiones de té de coca o té de muña (disponibles de manera gratuita en todos los hoteles) y comer caramelos de coca (más fáciles de transportar). No tomar por la noche
  • Evitar el alcohol y el café
  • Si los síntomas son más graves o duraderos, existe en el mercado unas pastillas para los síntomas el mal de altura. Se compran sin receta en las farmacias, se llaman Sorojchi Pills

Nuestra experiencia

Nuestro itinerario por Perú comenzó en Arequipa y llegamos en autobús a Puno, esto hizo que pudiéramos tener una aclimatación más progresiva. Además, en Puno no realizamos ninguna actividad física más allá de pasear tranquilamente por la ciudad. Cuando llegamos a Cusco estábamos totalmente aclimatados.

Conocíamos la altitud de Puno y Cusco, pero obviamos que las paradas del Valle del Colca están todas por encima de los 3000 msnm, el mirador del Cóndor concretamente a 3800 metros.

En el trayecto de autobús de Arequipa a Maca (3279 msnm) de repente me empecé a encontrar muy rara, sentía sudores en el cuerpo (pero hacía bastante frío) y me sentía mareada.

Estos síntomas apenas duraron 15 minutos por eso, desde el momento que paramos a desayunar y hasta el final de nuestra estancia en Cusco, no dejamos ya de tomar diariamente 2 o 3 infusiones de té de coca o de muña que intercalábamos con caramelos de coca.

El resto del día me encontré perfectamente, pero cuando llegamos a Puno y nos estábamos preparando para salir a cenar, de repente vomité muchísimo (aunque habían pasado 7 horas desde la comida, es evidente que no había hecho la digestión). Esa noche apenas cené y al día siguiente notaba menos hambre, como si tuviera el estómago cerrado.

Superado esto ya no volví a tener síntomas del mal de altura.

Lo que si nos acompañó (a los dos) durante todo el viaje fue una pequeña congestión, no dificultad para respirar pero sí congestión y, además, cada vez que nos sonábamos la nariz los mocos tenían sangre (pero nunca nos sangró la nariz). Estos pequeños síntomas no nos afectaron en el día a día.

Otra cosa a tener en cuenta es el importante esfuerzo físico que supone subir la Montaña de los 7 colores hasta los 5036 msnm. Aquí lo que sentí (hablo en singular porque Dani subió como si nada) es que el corazón latía muy muy fuerte así que me paraba, respiraba todo lo profundo que podía, respiraba el agua de flores que los guías nos habían echado en las palmas de las manos, comía un caramelo de coca y seguía.

En la Laguna de Humantay (4200 msnm) también hubo momentos que sentí fatiga y el corazón iba a mil por hora, pero mucho más leve que el día de la Montaña de los 7 colores.

Ambos días, al llegar a Cusco, me dolió un poco la cabeza (pero un dolor que aguanté sin tomar nada).

Hojas de coca, té de coca y caramelos de coca

En todos los hoteles (hasta en el de Lima) y en todos los restaurantes en los que desayunamos y almorzamos en las excursiones había tés de todo tipo, pero los efectivos para el mal de altura son el de coca y el de muña.

Los caramelos de coca, aparte de estar riquísimos, era la manera más rápida y fácil de tomar coca (y eran muy efectivos). Son muy fáciles de encontrar (en cualquier puesto de souvenirs) y el precio casi siempre el mismo, un paquete de 10 costaba 3 soles (no llegaba a 1 €).

Caramelos de coca

En varios hoteles encontramos también hojas de coca que, o bien se podían utilizar para hacer un té, o bien para mascar.

Para potenciar el efecto de las hojas es necesario meter en la boca una sustancia alcalina (cuando compras las hojas viene incluida).

Según nos contaron. la forma correcta de mascar la coca es: se cogen unas 15 hojas de coca y se mastican durante 3 minutos, a los tres minutos se añade una porción pequeñita de la solución alcalina y se mastica durante 3 minutos más.

Pasado ese tiempo se deja a un lado de la boca, en la mejilla, durante 20 minutos.

Curiosidades

  • Las hojas de coca no se pueden sacar de Perú, ni siquiera una bolsa pequeña.
  • La cocaína se extrae de las hojas de coca tras un proceso químico, pero las hojas de coca por sí solas no producen ningún efecto psicotrópico.
  • El sabor de las hojas de coca infusionadas es muy suave, mucho más que el te verde que solemos tomar en España.
  • En Puno hay un Museo dedicado a la Coca donde explica la historia de la coca y la relación con la vida cotidiana de los habitantes de Perú.

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